Alegría sin fin para los viajeros más pequeños
El Caribe Mexicano se ve distinto cuando tienes siete años. El agua es tibia y tan baja que puedes pararte, la arena aguanta un castillo toda la tarde y siempre hay un animal nuevo que conocer. En la costa de Quintana Roo, los parques, las playas y los museos tienen áreas pensadas para los más chicos, casi siempre con salvavidas, chalecos y personal acostumbrado a que sea la primera vez.
Un mundo de juego y creatividad para niños
Casi todos los hoteles de la costa tienen club infantil: talleres creativos, noches temáticas, deportes y una minidisco después de la cena, con alguien al pendiente de los pequeños mientras los adultos se toman un rato libre. Los parques van más lejos. Xcaret reserva el Mundo de Niños para menores de 12 años, y las reglas son parte de por qué funciona: chaleco puesto, salvavidas en cada cuerpo de agua y un espacio con sombra donde los papás se sientan a verlos. Los de hasta seis años tienen su propia zona de chapoteo y su arenero, lejos de los más grandes. Xel-Há tiene también su Mundo de Niños, con toboganes y alberca poco profunda.
La playa pide menos organización: castillos de arena, esnórquel donde los niños todavía tocan el fondo, una tabla de paddle en el mar plano de la mañana y una primera clase de surf cuando las olas cooperan.

Aventura en tierra y agua
Los más grandes se pasan a los parques de aventura: toboganes, ríos lentos, zonas de chapoteo y ríos subterráneos que se recorren flotando, con chaleco y casco. En Xplor, junto a Xcaret, la edad mínima es de cinco años y un adulto debe acompañarlos todo el recorrido. Las tirolesas ponen su propia condición, un peso mínimo de 40 kilos, así que los más pequeños se quedan con las balsas que se impulsan con las manos y con el nado por las cuevas, que de todas formas suele ser lo que cuentan en la cena.
Tierra adentro, el Croco Cun Zoo, en el kilómetro 31 de la carretera Cancún-Tulum, en Puerto Morelos, empezó como criadero de cocodrilos y hoy se visita solo con guía, en un recorrido de 60 a 75 minutos que se detiene para que los niños toquen y alimenten a algunas especies. De regreso en Xcaret, el aviario y el mariposario cierran bien la tarde, mientras los espectáculos y los talleres abren una puerta a la cultura maya. Los hoteles enfocados en la naturaleza completan el cuadro con caminatas guiadas, clases al aire libre y ratos para observar aves y mariposas.

Naturaleza, esnórquel y aprendizaje
Xel-Há está en el kilómetro 240 de la carretera Chetumal-Puerto Juárez, unos 13 kilómetros al norte de las ruinas de Tulum, donde un río subterráneo desemboca en el mar. Las orillas de la caleta son bajas y los peces se acercan, así que es un buen lugar para estrenar visor: peces de arrecife abajo y, de vez en cuando, una raya que pasa por debajo.
Los cenotes hacen algo parecido a menor escala, con agua dulce y fresca, formaciones rocosas arriba y espacio para remar en kayak o solo chapotear. Para una tarde de lluvia o un descanso del sol, el Acuario Interactivo Cancún, dentro de La Isla, en la Zona Hotelera, es un plan bajo techo que aguanta: más de 140 especies marinas, un espacio dedicado a los ajolotes y una zona de contacto donde un guía acompaña a los niños mientras tocan rayas y estrellas de mar. Más al sur, el Museo de la Cultura Maya, en Chetumal, ordena sus tres niveles alrededor de una ceiba sagrada y combina maquetas de ciudades mayas con salas multimedia: historia que un niño de nueve años sí sigue.